Cuarentena: Carta al miedo de un deportista

Psicología

La psicóloga deportiva Alba Villamediana nos propone escribir una carta al miedo durante este periodo de cuarentena.

“¿Miedo yo? ¿A qué voy a tener miedo?”

Este tipo de respuesta se muestran con frecuencia en las sesiones de los deportistas con los psicólogos cuando les preguntan un día cualquiera si temen a algo…

Y es que hay algo peor que el miedo: el miedo a tener miedo. Estamos acostumbrados a mensajes del estilo “no tengas miedo”, “el miedo paraliza y te impide llegar a tus metas” … y con ello, se crea una imagen del miedo relacionado con la falta de valentía y creencias acerca de que “el miedo es malo”.

Y hay que tener en cuenta QUE LAS EMOCIONES NO SON NI BUENAS NI MALAS, TODAS CUMPLEN UNA FUNCIÓN.

Sin miedo estaríamos en peligro: el miedo nos protege, nos advierte de aquello que atenta contra nuestra vida. El miedo está para ponernos a salvo, y no siempre es paralizante, en ocasiones enfrentarse a las situaciones con miedo nos hace ir con más mesura, ¿o es que retomar la actividad deportiva, después de una lesión, un poco más cautelosos no nos protege de recaídas?

Muchos de los deportistas ya son capaces de reconocer que tienen miedo al virus (o a sus consecuencias en sus familiares cercanos), o miedo a qué pasará cuando todo acabe: cómo quedará el calendario deportivo, cómo afectará a sus estudios o trabajo, miedo a perder la forma física y en cuánto tiempo la recuperará…

Por esa razón, parecía interesante brindar una técnica que usan
muchos profesionales de la psicología y que resulta de gran utilidad: LAS CARTAS TERAPÉUTICAS, un recurso narrativo de gran interés en la terapia.

¿En qué consisten? Como su propio nombre indica, se trata de escribir una carta a aquello a lo que quieras enfrentar y lo que quieras trabajar. Así de paso desahogarse, sentirse aliviados y así buscar en ustedes mismos los recursos propios para afrontar sus temores

He aquí un ejemplo:


Querido miedo:

Te conozco de otras veces, sé que eres compañero de viaje y de vida, y eso es algo que me he ido acostumbrando con el tiempo. Me has ayudado a cuidarme y a poder protegerme en situaciones de riesgo, pero tengo que reconocerlo, ahora me estás molestando un poco.

Sé que es normal que nos acompañes en estos días de encierro. Tu amiga la incertidumbre también últimamente se sienta mucho conmigo en el sofá, sobre todo cuando veo las noticias. He dejado de verlas para evitar que vengas tan a menudo, pero no es suficiente.

Lo que está pasando ahí fuera es terrible, y gracias a ti muchos nos estamos quedando en casa… ¿Qué haría la gente si no tuviera miedo? Yo saldría a la calle a hacer deporte, te lo aseguro… pero lo hago por ti: por miedo a contagiarme, por miedo a contagiar, por miedo a la multa que me puede caer (para que engañarnos), y por miedo a ser responsable de una propagación que puede tener peores consecuencias de las que ya está teniendo.

Por esa parte te doy las gracias, pero te pido un pequeño favor: déjame por lo menos poder desconectar de vez en cuando y dormir bien. Te has acomodado en mi pecho y a veces siento una presión muy grande, como si te faltase espacio ahí dentro. A veces me impide concentrarme en lo que tengo que hacer, y ahí, querido miedo, no me estás ayudando.

Quiero intentar llegar a un acuerdo. Ayúdame a seguir cumpliendo esta cuarentena con responsabilidad, ayúdame a sacar las fuerzas para ayudar a los demás, pero déjame también que disfrute de mi tiempo libre y mi descanso. No es incompatible. Podemos vivir juntos, pero con nuestro espacio, como un matrimonio que comparte vida, pero a veces realiza actividades por separado.

Quiero disfrutar de la cuarentena sin sentirte todo el rato, porque estoy convencido que sacaremos cosas buenas de esto, a pesar de todo lo malo, porque contigo (y no luchando contra ti) podemos avanzar para salir del encierro de la mano, con una bonita amistad, pero habiendo aprendido más de ti, de mí y de los dos.

Espero que me entiendas, solo quiero compartir un poco más de tiempo también con el resto de las emociones por igual, ceder un poco de protagonismo a la alegría, la esperanza, el optimismo, incluso la tristeza o la culpa… todas son parte de mí, y tú, querido miedo, eres uno de ellos, pero necesito un poco de equilibrio.

Lleguemos a un acuerdo: ven conmigo, no te echo de mi vida porque sé que eres necesario, pero a cambio tú déjame avanzar, sin bloqueos y ansiedad. Así podremos recorrer este camino de la mano juntos y no luchando.



¿Te pasa lo mismo?

Lo aquí expuesto son emociones naturales, normales en un proceso de incertidumbre y malas noticias como las que estamos viviendo.

Por eso, los invito a mirar dentro de ustedes mismos, a contactar y conectar con sus emociones, a entablar una buena relación y un equilibrio que los ayude a mejorar y salir más reforzados…porque ¿qué mejor momento que un parón así para conocer más a uno de nuestros protagonistas: el miedo?

 

Texto adaptado SportLife

Autora: Alva Villamediana (Psicóloga deportiva) 

Foto: Infobae 

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Autor
Robert Zambrano